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jueves, 15 de mayo de 2014

RECLAMANDO TU ABUNDANCIA EN EL ESPÍRITU (segunda parte)

Extracto del libro "The end of Death", de Nouk Sánchez


LOS MILAGROS SON NUESTRA HERENCIA

La verdadera abundancia es accesible cuando elegimos escuchar sólo nuestra Voz interna. Pero para la gran mayoría este Ser ha estado cubierto por muchas y gruesas capas de miedo, reglas, leyes, roles, obligaciones, expectativas y dudas. ¿Cómo en el mundo podemos esperar recibir una guía clara si continuamos escogiendo escuchar la voz del ego en lugar de la del Espíritu? Al confiar en el Espíritu, nos liberamos de la necesidad de creer en las reglas, las leyes y limitaciones del ego, todas ellas basadas en el miedo y la privación. En su lugar, sostenemos nuestra visión interna como prioridad y confiamos en ella implícitamente.

Si tu guía interno te dicta viajar a Israel (por ejemplo), o tener lo que sea que tu corazón desea, entonces Cielo y Tierra se moverán para acomodar la Voluntad de Dios. Y esto ocurre porque tu Santo Ser es la Voluntad de Dios misma!!! Creer en la escasez es la defensa del ego contra la Voluntad de Dios. Así que si te colocas del lado de la escasez, si la sitúas como tu prioridad por encima de la Voluntad de Dios de infinita provisión, la escasez se manifestará como tu realidad, porque tú la has pedido.

Mientras escojamos la voluntad del ego, será aquí en el sueño tan poderosa en cada cosa como lo es la Voluntad de Dios. La voluntad de Dios no tiene poder si nosotros escogemos vivir bajo el reinado del ego. Esto es así porque fuimos dotados de libre albedrío para elegir. Dios no puede pasar encima de nuestro libre albedrío cuando decidimos sufrir. Mientras depositemos nuestra fe en el ego en lugar de en nuestro Santo Ser, la Voluntad de Dios no puede ser manifestada. Honestamente, ¿crees que la proyección de falta de fondos del ego podría ser más poderosa que la Voluntad de Dios, si tu divina guía interna ha indicado que eso que deseas es para tu mayor bien? El milagro no es más que un cambio de percepción; un cambio del miedo al amor. Podemos romper el ciclo de escasez del ego de una vez y por todas atreviéndonos a mirar con el Espíritu en todas las formas que hemos elegido sin saber ser víctimas de eso.

Si realmente deseas abrirte a la abundancia del Espíritu, debes examinar algunos conceptos malinterpretados.

¿Dónde has colocado equivocadamente la causa de tu escasez?
¿Percibes que tu escasez es por causa de algún otro?
¿Crees que la fuente de la escasez está en tus obligaciones financieras, tu familia, tu trabajo, tu salario, el gobierno o la economía?

Mientras creas en estas pseudo-causas, no puedes acceder y sanar la causa verdadera, que es la culpa inconsciente. Todas estas pseudo-causas son, de hecho, efectos de tu creencia en la escasez. Estas no son la causa, aunque aparenten ser muy reales. La única y verdadera  causa es siempre la culpa inconsciente disfrazada de pérdida. Una vez aceptas esto y entregas la verdadera causa (tu errónea percepción de culpa y sentimiento de invalidez) al Espíritu, entonces tu experiencia de escasez es libre de ser sanada por el milagro.

[…] «el poder de Dios, no el tuyo, es el que engendra los milagros. El milagro en sí no hace sino dar testimonio de que el poder de Dios se encuentra dentro de ti. Ésa es la razón de que el milagro bendiga por igual a todos los que de alguna manera son partícipes en él, y ésa es también la razón de que todos sean partícipes en él. El poder de Dios es ilimitado. Y al ser siempre máximo, ofrece todo a cualquiera que se lo pida. No hay grados de dificultad en esto. A una petición de ayuda se le presta ayuda.» (T-14-X.6:9-10,12-15)

El milagro lo sana todo. Cuando estamos dispuestos a desenterrar y dejar ir nuestra jerarquía de ilusiones,  adivina ¿qué? Súbitamente un espacio se abre dentro de nosotros, uno que es ahora suficientemente vasto para aceptar y recibir la  infinita  provisión  de abundancia del Espíritu.

Cuando realmente nos abrimos a recibir esta magnífica abundancia, reflejamos nuestra impecabilidad y Amor al mundo. Ya que realmente hemos visto por nosotros mismos que no hay grados de dificultad en los milagros, demostramos al mundo que la culpa, el miedo, y la escasez no forman parte de Dios. Por lo tanto, ninguna de esas cosas es real. Nos convertimos entonces en un rayo de luz demostrando a todos que sólo el Amor es real y que ellos también son Amor.

A través del ego creemos que sabemos la forma específica de pensar que nos hace sentir felices, amados, seguros y saludables. Pero la verdad es que cuando vivimos al margen del Espíritu y decidimos la forma particular que nuestro deseo debe tomar, perdemos el entendimiento de su propósito. Tenemos sólo una necesidad: sanar nuestra sensación de separación del incorruptible y eterno Amor que somos. Cuando nos comprometemos con esta única necesidad como nuestra prioridad, cada cosa que necesitamos nos es dada. Ésta es la Voluntad de Dios.

El ego desea. Pero el Santo Ser une su Voluntad  con Dios. Si buscamos satisfacer nuestras necesidades desde un sentido de escasez, nos unimos a los deseos del ego. Y el resultado deberá ser saboteado. Pero, cuando conscientemente unimos nuestra voluntad a la Voluntad de Dios, cada necesidad será cubierta sin esfuerzo.

El sentido de carencia del ego proviene del miedo y la culpa. Su intento subyacente es auto- castigo. Es por eso que cuando intentamos cubrir nuestras necesidades desde el ego, tenemos la garantía de que nos traerá una u otra forma de sufrimiento.

Cuando la escasez te tiente a ver con el ego, ve más adentro. Pregúntate "¿Procede este deseo de un lugar de escasez (miedo y culpa), o procede de un sentir de gratitud y abundancia, sabiendo con perfecta certeza que todas mis necesidades son siempre cubiertas? La Voluntad de Dios es infinitamente abundante. No hay carencia en Dios, por lo tanto, no hay carencia en ti. Tú eres la Voluntad de Dios y Su Reino. La única aparente carencia es que has olvidado Quién eres. No necesitas cubrir tus necesidades. Éste es el deseo producto del miedo del ego. Sólo necesitas abandonar tu miedo de todo corazón y abrirte a aceptar y recibir tu herencia. Esto es unir tu voluntad a la Voluntad de Dios. Y así será hecho. Y así es.

«En vez de "Busca primero el Reino de los Cielos" di: "Que tu voluntad sea antes que nada alcanzar el Reino de los Cielos" y habrás dicho: "Sé lo que soy y acepto mi herencia.» (T.3. VI.11:8)

Traducido por Martha Aida de Ochoa